«Aborté a mi hijo y no puedo vivir con eso»

Era una mujer de un semblante frágil, piel blanca, de estatura media y educada. Cuando entró a mi oficina para consejería, jamás pensé escuchar su historia. Se sentó, bajó su cabeza y se puso a llorar en silencio.

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Al levantar su cabeza noté amargura, estaba demacrada y sus ojos reflejaban una inmensa tristeza. Esperé en silencio unos instantes. Respire por favor, le dije, tome aliento y dígame qué le sucede.

– ¡Aborte a mi hijo, y no puedo vivir con eso! – Su llanto era desconsolado. – Han pasado más de veinte años y cada día siento que soy la peor asesina de la tierra. Siento que Dios me mira con odio y sé que merezco el infierno. ¡¿Cómo fui capaz de matar a mi bebé?!

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– Me contó su historia. Estaba estudiando, tenía unos 15 años para ese entonces. Se enamoró de un chico que la “molestaba”. Se hicieron novios a escondidas de sus padres. Pasados unos meses tuvieron relaciones sexuales. – Le entregué mi virginidad porque sentía que lo amaba. – Me explicó que un día notó que su período se había retrasado pero pensó que era normal.

Después de algunos síntomas desconocidos, una compañera le dijo que posiblemente estaba embarazada. – Mi mente se quedó en blanco, sentí un escalofrío en mi espalda. Mis manos comenzaron a sudar y sentía que mi corazón salía de mi pecho. Nunca había estado tan aterrorizada. ¿Un embarazo? ¿Yo, siendo madre a los 15 años? ¿Qué van a decir mis padres que han confiado en mí? ¿Qué dirá la sociedad?

– Un mar de interrogantes azotaba la mente de Hilda (nombre ficticio), fue al baño a llorar. No podía contárselo a nadie, estaba sola; su única esperanza era Gustavo (nombre ficticio), su novio amado. Fue a buscarlo a su pabellón. Lo encontró y lo abrazó con cuerpo y alma. Al salir del colegio le contó todo. Él palideció y quedó sin habla por unos minutos.

– ¿Qué vamos a hacer Hilda? ¿no podemos tener un hijo? Estamos muy jóvenes. – yo tengo mucho miedo Gustavo. – Hilda me relató que ambos comenzaron a llorar, luego cada uno se fue a su casa. Esa noche Hilda no pudo dormir. Quería decírselo a sus padres pero temía las consecuencias y hacerlos sufrir. Ellos con mucho esfuerzo le pagaban los estudios.

Al día siguiente Gustavo no la dejó ir a clases, sino que la llevó a un parque y allí fríamente le dijo: – Hilda quiero que abortes ese niño. Yo no puedo mantenerlo y no podemos tener semejante escándalo. Mi mamá se va a enojar y tus padres igual. – Al principio sentí rabia pastor, por la propuesta de mi novio. Pasaron unos días y él insistía hasta que yo acepté.

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Yo no sé cómo consiguió el contacto de una clínica clandestina aquí en la ciudad y tampoco sé de dónde sacó el dinero para los gastos. Pero nos fuimos en un taxi. Le había dicho a mi mamá que me quedaría con una compañera para hacer tareas en su casa. Tenía mucho miedo, temía por mi vida y no estaba segura de matar a mi bebé. – Hilda seguía llorando en mi oficina. No se perdonaba a sí misma semejante acción.

– El proceso del aborto fue doloroso, en un consultorio improvisado, un doctor y una enfermera introdujeron unos equipos en mi cuerpo y pude ver restos destrozados de lo que parecía ser un ser humano. Hasta este día tengo problemas en mi matriz. Perdí tres embarazos cuando me casé. Tuve una hemorragia que me provocó anemia. Mis padres querían llevarme al hospital pero yo tenía miedo de que me descubrieran. He tenido pesadillas todos estos años y un sentido de culpa que no me deja vivir.

Pasado un tiempo mi novio cortó la relación de noviazgo conmigo. Quedé devastada. Se fue para Estados Unidos. Otros afirman que esta en San Salvador. Con el tiempo me casé con un gran hombre. Pero a pesar de mi hogar y mi carrera, me siento vacía. He venido para que me diga si Dios puede perdonarme por haber matado a un inocente.

– Lamento su situación Hilda. Yo quiero decirle lo que la Biblia dice respecto a nuestros pecados: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1.9) Si su corazón esta sinceramente arrepentido, si usted confiesa su pecado y busca a Jesús hallará su perdón. Jesús le limpiará de toda maldad. No hay pecado que la sangre del Señor no pueda limpiar.

Precisamente por personas como usted vino Jesús a morir en la cruz, él es nuestra única esperanza de salvación. Su perdón es todo lo que usted necesita. Él le dará una nueva vida libre de ataduras de culpa, de amargura y de inseguridad.

Aquella mujer fue tocada por Dios, llorando cayó de rodillas, entregó su alma al Señor. Fue perdonada y transformada en una nueva criatura como lo dice la Biblia. Fue increíble ver el cambio en su rostro. La obra del Espíritu Santo. Aquella tristeza y amargura se transformó en paz y esperanza.

Mi amiga, esa misma paz y esa esperanza pueden llenar también tu corazón si ahora mismo recibes a Jesús. No importa si has pasado por una situación similar. Jesús esta listo para perdonarte si se lo pides. ¿Estas lista tú para recibir el perdón? Escríbeme.

Dios te restaure.

Pastor Henry Cerna.


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